Introducción

Las deficiencias derivadas de los trastornos cerebrovasculares, suponen una gran responsabilidad para el personal de enfermería que cuida de estos pacientes debido a la complejidad de la asistencia que requieren.

El ictus es un proceso impactante tanto para los pacientes como para sus familias, tiene una gran repercusión a nivel social, familiar y sanitario por las secuelas y dependencia que produce. 

Sabemos que nos encontramos ante una transición epidemiológica en la que los problemas de salud no solo se enfocan desde el punto de vista biologicista, enfoque donde el diagnóstico y el tratamiento constituían las intervenciones esenciales y casi únicas del abordaje de los problemas, sino que hoy sabemos que las personas viven con sus problemas y necesitan aprender estrategias de adaptación, de cuidados cotidianos, lo que implica una necesidad de transformación en las organizaciones para evolucionar y cambiar, dando mayor valor a la práctica enfermera, valorando los servicios de cuidados ofrecidos hoy con la finalidad de proponer posibles mejoras e innovaciones en el futuro.

Las enfermeras han de liderar la continuidad del cuidado y, por tanto, el tránsito de los pacientes entre los diferentes dispositivos asistenciales, acompañándolos en el trasiego por los diferentes niveles del sistema, apoyándose en la comunicación interprofesional.

Cuando una persona sufre un ictus, este accidente rompe la continuidad vital, y el trabajo de las enfermeras, entonces, se enfoca a descubrir la necesidad, su estilo de vida, sus prácticas cotidianas, aquellas que se han deconstruido; y a evaluar las actitudes y los recursos de las personas, plantear estrategias de salud adaptativa, para que la persona consiga sus elementos de normalidad y de cotidianidad y con todo ello dar seguridad y calidad a su vida.

Objetivos